domingo, 20 de noviembre de 2016

Señora que le cuesta


Día 21 y lunes
Cada día cuesta más madrugar. 
Mi querencia a la cama crece proporcionalmente al nivel de sonido que hace el viento en mi ventana. Hoy el Poniente es de película de miedo. 
Tengo turno de mañana, así que a las 7 ya estoy en la calle, viendo restos de paraguas abandonados en las esquinas.
Hoy me quejo de los madrugones que acarrea el turno de mañana.
La semana pasada me quejaba de lo eterno que se me hace el turno de tarde.
Me parece que lo de ir a trabajar no me causa en si mismo gran alboroto. Conclusión que saca una.
Yo soy de familia de prejubilados. Puede que la genética esté ahí avisando...
Pero que sea con todos los honores. Cual político.

martes, 8 de noviembre de 2016

Señora que va a la ópera



Día 8 y martes
Nunca había ido a ver una ópera y me dije a mi misma, "Mi misma, pues hoy va a ser el día".
Me habían hablado de que la ópera era un género como de gente bien, por lo menos en el pasado. Y como la gente bien suele ir muy arregladita y encorsetada, se dice que a la ópera hay que ir como Cenicienta en su gran noche.
Claro que, esto es Cádiz, y no estaba yo muy segura de desempolvar la estola de visón, el corsé y los rubíes, no fuera que al llegar al teatro me encontrara a la señora de al lado, de aquella manera...
Ya me pasó una vez, en una fiesta que me dejé aconsejar y aparecimos mi amiga Mariana y yo, engalanadas cual árboles de navidad, en medio de un buen número de mozas en traje de faena.
Así que me dije, arreglá pero informal. Así siempre se acierta. 
Ya para la próxima, veremos.
Elegí un vestidito de flowers, chaqueta peluda negra, que ya refresca, y bolsito fucsia con floripondio de tul. 
Este era el elemento ornamental así como más de gala. 
Una de cal y otra de arena.
Y de aquesa guisa llegué al teatro (en bus, que no en carroza de cristal) y me aposenté en una butaquilla de anfiteatro, dura cual queso manchego bien curado. 
La economía no da para más boato.
Miré a mi alrededor y había acertado en el look. Sonrisa de satisfacción.
Es cierto que de todo había, porque en algún palco se avistaban señoras forradas en rasos y cretonas, arrastrando collares kilométricos, pero la gran mayoría de las féminas, había pillado lo que colgara en la primera percha del ropero sin mucho pensar.
Apagaron las luces, se abrió el telón y empezaron a cantar en italiano. 
La verdad es que sonaba estupendamente, pero la letra traducida, si querías enterarte de algo, había que leerla en un telepronter que había en lo alto del escenario.
Es que hay que estudiarse el libreto antes de venir. Cachis la mar...
De todas formas, al ratillo el argumento era bastante previsible, y podías dejar de leer y escuchar a los señores que cantaban, que es lo que importa. 
La cosa iba de unos artistas que vivían en Paris y no tenían un duro, las criaturas, y pasaban frío y hambre y calamidades. La vida bohemia de antaño. 
Algo parecido a lo de ahora, pero se ve que estos no tenían abuelos a los que arrimarse para vivir de su pensión.
Pero el amor anida igual en la pobreza que en la riqueza.
Y Mimí, que era la hermosa vecina, llama a la puerta de los señores pobres porque se le ha apagado la vela de la mesita de noche. Se ve que ir a pedir una taza de azúcar en casas donde reina la miseria, no pega. Lo de la vela es lo suyo, aunque te puedas tirar toda la noche yendo a molestar al vecino porque con la corriente del pasillo, dura poco encendida. 
En fin, que es una historia de amor entre vecinos pobretones, drama incluído, porque atención, que voy a hacer spoiler:
Mimí se muere en el último episodio.
Ea, ya lo he dicho...
Se siente.
Me ha gustado, esto de la ópera.

domingo, 30 de octubre de 2016

Señora que cambia la hora (por imposición)

Día 30 y sábado
Hemos cambiado la hora. Bueno, yo no. La alta tecnología del Aifon hace que se cambie él solito, pero el despertador de los 101 dálmatas que luce en la hornacina del mueble del salón desde los tiempos más pretéritos, sigue teniendo la hora de ayer. Algún día lo cambiaré.
Si total, dicen que es para ahorrar pero nadie sale a explicar ese presunto ahorro.
Yo no veo el ahorro por ninguna parte, por que a ver... Ahora amanece más pronto, pero por ende anochece también antes. Así que ahora mismo que son las 7 de la tarde ya tienes que encender la luz. 
¡Menudo ahorro! 
Sí claro, dirán los señores pensantes, pero por la mañana es de día a las 7. 
Vale, ahora poned en una balanza la gente que hay en planta a las 7 de la mañana y los que van a precisar de luces a las 7 de la tarde.
No hay color. 
A las 7 de la mañana y con el paro que nos acongoja, medio mundo está en brazos de Morfeo. 
A las 7 de la tarde tienes a toda la familia en torno a la mesa preguntando qué hay de cenar. O aún peor, cada mochuelo en su cuarto rodeados de flexos, ordenatas, consolas y demás quincalla que hacen que la ruedecilla del contador gire alocadamente.
¿Quién sale ganando, pues?
Está claro, las eléctricas, y por ende los de las puertas giratorias que comunican con las eléctricas. 
Más claro, agua.

jueves, 27 de octubre de 2016

Señora que recibe al señor de las lavadoras


Día 27 y jueves
¡Oh cielos! He vuelto a escribir. Menos mal que no soy Cervantes ni tengo que vivir de lo que salga de mi pluma... ¡qué floja soy! Lo reconozco.
Aquí pegan cienes de disculpas, que si las horas de labor, el curso de inglés nivel ínfimo, el de nudos marineros, las carreras por la playa a la pata coja, la investidura de Rajoy...
Veo que las pamplinas que adjunto no causan mella en mi público así que paso de buscar e inventar más excusas. A ver que os narro...
Cosas de señoras. 
Hoy he tenido visita del señor que arregla lavadoras.
Sí, porque ayer fui a poner una debido a la acumulación de ropa mugrienta tras días de lluvia, y se le quedó una lucecita encendida. 
No hubo forma ni de que arrancara, ni de que se le apagara la lucecita.
Desesperada nivel 44, llamé al señor que arregla grifos que era lo más parecido que tenía en agenda, pero él dijo que si fuera de la bomba (desconocía sus conocimientos terroristas) o de la toma de agua, que sí, pero de luces en rebeldía, ni idea. 
Y me pasó el teléfono de un señor, muy formal, dijo él, que era una eminencia en luminotecnia lavativa, y se pasaría por mi casa a la mayor brevedad.
Al día siguiente, o sea hoy, sonó el timbre y abrí la puerta a un señor de cierta edad, que portaba una especie de bolsita de aseo. 
Las dudas se agolparon en mi cerebelo preguntándome a mi mimma si el hombrecilio sería capaz de enfrentarse a la máquina. David contra Goliath. (Era con th?...)
El caso es que le dejé pasar y le solté un par de pamplinas de las mías para que no se sintiera cohibido. El hombre ni se coscó de mis sandeces.
Me di cuenta que de audición la cosa no iba muy boyante. Mejor callarse y observar.
El abuelete se quitó la chaqueta, abrió la bolsa de aseo y se puso manos a la obra. 
La experiencia es un grado... o en su caso una carrera con doctorado.
El tío dio con la avería en un pis-pas y en menos que canta un gallo, la lavadora estaba centrifugando.
Me quedé con la boca abierta y más contenta que unas pascuas.
Le di hasta propina. 
Moraleja: más vale viejo con bolsita de Ikea que joven sin p... idea 

martes, 27 de septiembre de 2016

Señora que hace propósitos de curso nuevo



Día 27 y martes
Hoy en mi tempranera venida en bicicleta he venido pensando (es uno de mis momentos pensátiles) que ha empezado el curso y aún no he hecho los propósitos de curso nuevo.
Están los de año nuevo, pero también los de curso nuevo. Todo arranque tiene su propositario.
No valen pa na, pero queda lindo decir eso de "a partir de ya... voy a ir al gimnasio y a leer el Quijote por las noches e incluso a separar la ropa blanca de la de color".
Yo me he reunido conmigo misma y he pensado en cosillas realizables. 
Por ejemplo, perder 100 o 150 gramos. ¿Para que voy a decir 10 kilos si sé que no hay manera? Si odio los gimnasios y no tengo fuerza de voluntad para dietas. 
Ni para nada...
Pero bueno, si dejo de tomar el Cola Cao de las 8,15, como sólo para apaciguar la hambruna y ceno de forma vegana, seguro que 150 gramos caen.
Voy a hacer más ejercicio. Mira eso sí me gusta. 
Expanderé mis caminatas playeras más allá de octubre.
Lo de leer por las noches es un imposible. 
Soy como la gente que hipnotizan, no acabo de enfundarme el camisón y ya estoy frita. Es lo que tiene levantarse a las 6 oclock.
Así que seguiré leyendo en el tren.

jueves, 15 de septiembre de 2016

Señora que empieza el cole de aquella manera


Día 15 y jueves (septiembre)
La vuelta cuesta. Cuesta cada año más.
Readaptación.
Veo a los mismos de antes del verano. Los mismos del curso pasado. Repetidores, una vez más.
Primer informativo, y como estamos todos de aquella manera, aletargados, adormecidos, acarajotados, los dioses hacen que casi cuando es la hora del informativo se vaya el sistema.
No sé si el sistema se ha ido o en realidad tampoco había vuelto de sus vacaciones. 
El caso es que cuando se va el sistema control se convierte en un carajal y hay que ponerse las alcalinas y resolver. 
"Esto no es un simulacro..." 
De repente todo son carreras y manos que intentan ayudar a evitar el desastre.
En Sevilla, sede central, dan la opción de subirse al coche escoba. Ponen un programa que vale para todos. 
Pero nuestro productor anuncia con su voz torrencial "Cádiz sigue adelante". 
¡Olé Cádiz!
Y hacemos la primera desconexión. 
Como novedosa novedad estrenamos jefe y presentador a la par, que en menudas circunstancias se estrena la criatura. 
Sí, he dicho bien, mi jefe es un señor polivalente y lo mismo te hace un informe que presenta un informativo, que aquí no son como Rita Barberá, de sueldo abultado y sillón mullido que puede criar telarañas hasta que algún día le dé uso. Al sillón, no al sueldo... 
¿Por dónde iba?
Sí, eso, que empezamos con susto tecnológico, pero de un plumazo nos quitamos el síndrome postvacacional y resolvemos como titanes.
Y después del subidón, el suspiro sostenido... 
El aterrizaje ha sido satisfactorio. 
Marca Ryanair, pero con aplauso final.
Empieza el cole

sábado, 3 de septiembre de 2016

Señora que despierta en Milano

Día 3 y sábado de un septiembre cualesquiera.
Sigo narrando. Ya sé, ya, que soy algo floja, y entre la narración del primer día y la del segundo ha transcurrido un mes, pero así son las cosas. Me pilláis en pleno periodo vacacional y es lo que hay.
¿Por dónde iba? Ah sí, Milano.
Amaneció un miércoles tan soleado como el día anterior. O más.
Habíamos dormido cual marmotas y empezamos por bajar al abrevadero.
El hotel Ibis es un espacio grande y bullicioso, con sonrientes camareros y mucho turismo. Tal que la ONU. 
El desayuno bufet, estupendo, y ya con el buche lleno nos adentramos en la ciudad.
El sol italiano, que se asemeja al español, nos empuja a buscar sombra, así que nos metimos en esta linda galería, de un tal Vittorio Emanuele II, que nos viene de perlas.
Muy coquetona, con sus bóvedas de vidrio y sus tiendecillas de pijas. 
No llevábamos mucho suelto, que si no, arrasamos...







Saliendo de la galería del señor Vittorio, está la catedral, il Duomo, como le dicen por aquí. Impresionante y muy bonica.
Los chavales aprovechan para hacerse unos selfis por aquello de dar de comer a las redes sociales, que son muy tragonas. 
Que si una portada, que si un ventanuco, en fin... 
Il Duomo es enorme, una de las catedrales más grandes del mundo.
Tardaron nada menos que cinco siglos en construirla, pero les quedó tan linda que mereció la pena la espera.

Pasemos a otra majestuosidad: la Estación Central.
Aquí no andan con pequeñeces. 
Por lo visto Mussolini, que era un señor muy fascista, quería que el resto del mundo se enterara de que su régimen era muy poderoso. Y emulando a los egipcios dijo, por estación no va a ser... y hela ahí, que parece Gottam, pero con mucho más ambiente.


Ahora pasamos por un edificio que es de un señor que hace bolsos y se llama Michael Kors. 
No sé si es la casa donde vive el señor o el taller donde hace los monederos, pero la placa de tocar el timbre es de proporciones poco humildes, como pasa por estos lares.
La niña, que previamente se ha comprado uno de sus sacos, con rabillo de conejo rosa incluído, se inmortaliza delante de la placa.

Al grito de "Unamos nuestros poderes" hacemos un círculo con esas maravillas italianas llamadas gelatos, que no sé cómo, pero no hay nadie que los iguale. 
Ríete tú de la heladería italiana de la esquina de tu casa. Esta frambuesa, o la manzana verde, o el plátano son para quitarse la boina.

Seguimos ruta.
Esta linda fortaleza es el castillo Sforzesco, de los Sforza de toda la vida.
No es un castillo al uso, como los de Exin Castillos, pero tiene su aquel.
El pobre, ha sobrevivido a duras penas a las embestidas de más de un jerifalte, como Napoleón, o Hitler, pero ahí está, como la Puerta de Alcalá. 
Con su fuentecica y todo.

Lo que hay es mucho vendedor de pulseritas, de una pesadez de Guinnes...




El sol aprieta. Nos metemos por los jardines del castillo, bajo los árboles.
Hay sed, y hambre. Mi cara lo dice todo... 

Por fin, un local con aire acondicionado y cerveza fría. 

 Nos traen el maná. Un risoto a los 27 quesos tirando por lo bajo, una delicia.

 Una vez comidos y bebidos se impone un descansito. 
Son las 3, o las 4, no me acuerdo y con un sol de justicia no podemos hacer otra cosa que dirigirnos a las profundidades de la tierra. Hora de sestear.